Ciencias del Comportamiento y Recursos Humanos
Nota: Este artículo forma parte del “Manual instructivo de Técnicas sugestivas” elaborado por el autor. Fue publicado en la revista “El buscador” vol. 8 no.8 Agosto 19997 (sin ceder derechos de autor)
Creo que finalmente cada hombre 
debe tomar su vida en sus
propias manos.
Arthur Miller
.
En los años 20-30 de nuestro siglo, el psicoterapeuta alemán Dr. Shültz se dedicaba a la hipnósis, les inculcaba a sus pacientes la idea de un estado de calma, relajamiento y sueño parcial o total hasta que se dio cuenta que ellos podían autosugerirse esos estados. Mientras más rápido lo lograban tanto mejor marchaba la curación, disminuía y desaparecía la dependencia del médico y aparecía la confianza en sus propias fuerzas. Estimulado por el éxito obtenido por algunas personas, Shültz comenzó a enseñar a todos sus pacientes métodos de concentración y autosugestión y creó ejercicios para la curación de las neurosis que recibían el nombre de entrenamiento autógeno o autoentrenamiento.
Son pioneros en este campo Jacobson (sucesivo relajamiento), los métodos de la autosugestión de Cue, Asturel y Bejterev.
De una u otra forma el autoentrenamiento ha rebasado el campo de la medicina siendo utilizado por deportistas, algunas variantes se aplican en pedagogía y en el estudio de lenguas extranjeras, por ejemplo las conocidas técnicas de aprendizaje acelerado de Georgui Lozanov, en México son relevantes los trabajos realizados por Arvide y Tafoya, y en nuestro Campus el Profesor Garibay ha acumulado interesantes experiencias relacionadas con esta técnica y otras afines.
Comportese como si ya fuera
feliz y usted sentirá que lo es
en realidad.
Dale Carnegie.
Cualquier hombre que desee avanzar en el camino del autoperfeccionamiento y todo especialista que desee ayudar a otras personas en este sentido se sentirá interesado en el estudio del entrenamiento autógeno, por medio del cual se pretende lograr el control consciente de lo inconsciente. Este tipo de entrenamiento se basa en el dominio de diversas técnicas de autosugestión, emparentadas con la hipnosis y más aún con la sofrología.
El deseo de autoperfeccionamiento es tan viejo como la humanidad pero dicho autoperfeccionamiento dista de ser algo sencillo de lograr, la dificultad mayor radica en que muchas personas poseen un débil desarrollo de las fuerzas conscientes que podrían controlar el poder del inconsciente en la dirección elegida, por eso es muy fácil adoptar cualquier decisión racional en lo que respecta a uno mismo y dificilísimo ejecutarla, es muy infrecuente la armonía perfecta entre la consciencia y la subconsciencia, para tratar de lograr esa armonía o algo que se le aproxime puede recurrirse al autoentrenamiento, el cual sólo es posible si existen motivaciones internas propias, aún así el autocontrol es difícil, sobre todo cuando es muy necesario.
Es conveniente reconocer que hay mucho en común entre el entrenamiento autógeno, el yoga antiguo y otros métodos viejos y nuevos de perfeccionamiento espiritual y corporal. Tal vez por eso hay una serie de postulados que nos parecen tan familiares, el primero de estos postulados “conócete a ti mismo” forma parte de toda la sabiduría antigua, es evidente que para cambiarse en la dirección deseada hay que estudiarse constantemente y que siempre que alguien se estudie a sí mismo intentará cambiarse, pero no es posible hacer un estudio de uno mismo, sin estudiar al mismo tiempo y con igual interés a otras personas, dicho estudio es en principio inagotable, porque el hombre es un “sistema abierto” que cambia imprevisiblemente en muchos aspectos, más que cualquier otro ser, el hombre no “es”, sino que “se hace”. No me refiero a medir al hombre por lo que hace si no por lo que se permite a sí mismo ser.
Para lograr éxito en el autoentrenamiento es necesario que el hombre se aprecie a sí mismo (ámate a ti mismo como a tus semejantes es el mensaje, pues sólo aquel que sienta aprecio por sí mismo, con seguridad y sin vacilaciones, es capaz de manifestar afecto por otros). Este aprecio por sí mismo debe existir en todo hombre pues el hombre lleva en sí, además de las inclinaciones de aptitudes conocidas que demanda la realidad contemporánea, otras desconocidas que ya o todavía no son necesarias, además ¿para qué perfeccionar lo que no se aprecia?. Ahora bien tenerse en estima no significa ser un engreído, tenerse en estima significa ser exigente consigo mismo.
La vida de los hombres en mucho se parece a los autómatas ¡así de forzada es!, pero el autómata que se ha percatado de su automatismo deja de serlo si se lo propone, es posible entonces crear.
Es conveniente recordar la famosa imagen freudiana sobre la relación consciente-inconsciente, en la cual se compara la conciencia con un iceberg, la parte más pequeña y visible es lo consciente, mientras la mayor parte permanece por debajo del agua (inconsciente), puede que en la superficie el viento sople de norte a sur y esperamos “lógicamente” que el bloque de hielo se desplace en esa dirección, pero si las corrientes subterráneas van de sur a norte para nuestra “sorpresa” el bloque va de sur a norte, algo similar puede ocurrir con nuestras vidas. Es importante que tengamos presente también que un estrato de lo inconsciente está siempre presente en la psiquis, en cualquier momento, incluso cuando parece que el mismo trabajo de la subconsciencia se ha hecho accesible a la conciencia. Naturalmente, no es posible conocer en un momento dado el contenido de nuestra subconsciencia, pero podemos hacernos un juicio sobre ello.
Un postulado fundamental: no hay nada subconsciente que tarde o temprano no pueda hacerse consciente, y no hay nada consciente que no pueda pasar a la subconsciencia.
Todo lo que existe en el mundo, todo lo que se refleja en nuestra conciencia y subconciencia, la mente lo descompone más o menos según un esquema que va desde aquello que consideramos sumamente improbable que suceda hasta aquello en lo que tenemos fe absoluta (en lo que creemos no sólo con el intelecto y la lógica, sino también con los sentidos). En otras palabras son aquellas impresiones, pensamientos e ideas que pueden llegar a convertirse en nuestros “estados habituales”.
Hablando de “estados”, son los “estados paradójicos” los responsables de muchos de nuestros problemas, ¿qué son estos estados paradójicos?, para comprenderlo tal vez lo mejor sea un ejemplo: Un tronco de mediano espesor se encuentra en el suelo, hay que pasar por él, usted lo hace una y otra vez con absoluta seguridad, el mismo tronco a gran altura, usted no pasa, es el mismo tronco, usted sabe que puede pasar, pero no basta saberlo, usted no cree que pueda porque siente temor y teme porque no lo cree. Y si camina con este temor, entonces se caerá de verdad.
La subconsciencia tiene su propia lógica, cuando caer no es peligroso se hace una y otra vez, pero cuando es peligroso caer, usted resulta víctima de un involuntario exceso de cautela.
Se produce la paradoja, el hecho de que “no debe caerse” porque es peligroso, aumenta la probabilidad de la caída, probabilidad subjetiva que se convierte en objetiva, la conciencia dice persuasivamente “esto no ocurrirá porque no debe ocurrir”. Mientras la subconsciencia responde “esto no debe ocurrir, por tanto puede ocurrir”… por esto no resulta asombroso afirmar que el tartamudo con frecuencia tartamudea sólo porque siente un excesivo deseo de no tartamudear, el que padece de insomnio no duerme a consecuencia del desmedido deseo de dormir, y el que desea dejar de fumar a veces no lo logra por su exagerada preocupación en abandonar esta adicción. Es el mismo mecanismo por el cual el temor se transforma en realidad debido al desplazamiento emocional de las probabilidades internas. La culpa de todo la tiene la lógica de la subconsciencia, esa misma lógica según la cual el fruto prohibido es siempre delicioso.
Ahora bien ¿quién pasará el tronco situado en lo alto?, un acróbata especialmente entrenado, un individuo bajo hipnosis profunda, el que intenta evitar un peligro mayor, y por último aquel que haya adquirido suficiente dominio de si mismo.
Muchos son los caminos posibles para adquirir este dominio, el entrenamiento autógeno puede ser una valiosa herramienta de armonización interna para aquellos que se decidan a utilizarla.
Lecturas recomendadas:
Georgi Lozanov,
Suggestology and Outlines of Suggestopedy. Gordon and Beach, New York.
Isaac Levine, El entrenamiento autógeno, Ed. Progreso, Moscú.
Jean-Ives Pecollo, Cómo superar los exámenes y las oposiciones con la sofrología. Ed. Mensajero , Madrid.
J. Santos Nalda/ Arturo Justes, Relación y sofrología en comic. Ed. Mensajero, Madrid.







