“No me perturban las cosas, si no lo que pienso acerca de ellas” Epícteto de Frigia
Es una pena que el mundo no se divida entre buenos y malos. Sería fácil elegir un bando y tener la posibilidad unívoca de poder juzgar al otro sin el más mínimo margen de error. 
¿Pero no hay gente que hace cosas buenas o malas?
La mayoría de los sujetos actuamos y respondemos a partir del mundo que conocemos, de lo que nos sucedió, de lo que experimentamos o padecimos, y a partir de esa experiencia única (sólo nos pasó a nosotros) esperamos que los que nos rodean actúen y piensen dentro de los mismos términos, valores y principios (obvio, ¿no?).
Es tan real y válida una moral espartana como una basada en el más estricto dogma religioso, los valores de una sociedad hippie o una moral tumbera.
¿Toleramos en caso de conflicto la diversidad de “verdades” que tienen las personas con las que convivimos?
Los factores que explican las diferencias entre las personas son, entre muchos otros: la inteligencia, los conocimientos y experiencias que posean, el manejo y la intensidad de las emociones y sentimientos, su escala de valores, su propia personalidad, el grupo de pertenencia, la cultura en la cual se criaron, los estilos de aprendizaje y hasta el estado de conciencia y las expectativas que se tienen al actuar en una determinada situación. Y esta lista no agota todas las variables posibles.
¿Podemos vivir con estas diferencias sin conflictos o terminamos siempre juzgando al otro a partir de nuestra propia vara? Comenzamos a juzgarlos negativamente impidiendo toda posibilidad de fluir y valorar las diferencias.
“Para entender las formas de reacción de las personas y las diferencias que encontramos en los seres humanos, hay que conocer entonces lo más posible los factores deferenciales. Saber que alguien fue criado con dureza o maltrato, ayuda a entender sus reacciones actuales. También saber que alguien que ha tenido varios fracasos al emprender un negocio, ayuda a entender por qué no se atreve esta vez a intentarlo nuevamente. Y al conocer la escala de valores (o ausencia de ellos) en una persona, podemos entender por qué actúa en forma honesta o deshonesta”, señala Horst Bussenius Cortada
Cuando alguien no es, no hace, no piensa, no actúa o no razona como nosotros, generamos un juicio negativo, que empezamos a vivir como un conflicto. Continuar leyendo








